Recuerdo claramente la primera vez que lo ví. Era encantador de esa forma dificil de entender pero que me atraía magicamente. Era un rebelde, era malo y era un reto. Lizandro.
Podría decir mucho acerca de como comenzo nuestra relación pero sé que no tendría importancia, no es como inició, sino como eventualmente y tristemente llegamos a donde estamos.
Vivímos ese tipo de amor que parece no poder ser, eramos tan distintos que no podíamos hablar sin darnos cuenta que no lograbamos entendernos, eramos mundos opuestos a punto de colisionar. Eramos ese amor que estaba por comenzar.
Nos conocimos, más y más, y contra todas las apuestas logramos salir victoriosos. Logramos ganarle a la adversidad. Vivimos un cuento de hadas, pero era mejor porque era real, estaba hecho a base de intentos fallidos de pastas y caminatas en el parque, era una relación llena de risas que hacían que te doliera la cara de tanta felicidad y peliculas que nunca logramos terminar.
Vivímos un sueño. Vivíamos un gran amor.
Déspues de la tempestad, la calma llegó y con ella una rutina, que parecía ser hermosa y perfecta, pero se convertiría en la trágica maldición que cayó sobre nosotros.
Fuimos felices, tanto que aún sonrío al recordarlo. Al recordarnos. Al recordar esa tarde en la playa que se lleno de besos y de sal. De secretos y miradas pícaras. De amor y de una certeza de que nada cambiaría ese sentimiento.
Fueron 3 años para ser precisos de una felicidad inimaginable. De algo que jamás creí encontrar y claramente nunca querría perder. Hasta que, se fue como la arena de esa playa que tanto amamos, entre los dedos.
Un día comenzo una guerra pasiva que explotaría sin dejar rastros. Una guerra lenta y dolorosa donde perdimos lo que tanto amamos de ambos, el respeto mutuo. Perdimos esas ganas de reparar cualquier daño y de soportar peleas. Día con día nos alejamos un poco más, y recuerdo que aún ahí cuando estaba parada entre el abismo de mi gran amor y de lo que vivía, pensaba que solo era un paso de distancia, hasta que inevitablemente caí y no logre salir.
Pelea tras pelea, error tras error, usamos cada debilidad que conocíamos del otro y la usamos a nuestro beneficio. Nos volvimos la pareja que siempre odiamos, nos volvimos unos más que vivían juntos por miedo a estar solos. Nos dabamos la mano solo porque se sentía mejor al vacío que vivíamos. Nos engañamos por tanto tiempo que hasta alguna vez lo creí verdadero.
Teníamos esos días donde resurgía ese antiguo amor que compartimos, pero eran tan espontáneos que una estrella fugaz era más frecuente.
Lo extrañaba cada noche aún sintiendo el roce de su piel a mi lado.
¿que había pasado con ese gran amor que parecía infiníto y a donde podía dirigirme para recuperarlo?