Mi pequeño gran regalo.

Cuando pienso en todo lo que amo a veces descarto lo obvio, pero hay un amor más grande del que le tengo a la persona con la que quiero compartir mi vida, hay una persona que por mucho amo más, desenfrenadamente, y es a la persona con la que he compartido mi vida hasta ahora, mi hermana.
Nosotras nunca tuvimos esa relación de hermanas que competían entre sí o que buscaban lastimar a la otra. Nosotras nunca tuvimos discusiones sobre quien era mejor en algo y quien debia irse a casa sin helado. Nosotras  jamás fuimos así, todo el contrario
Desde que tengo memoria, pasamos la vida escuchando el «tienen que cuidarse entre sí» y bien, si de niñas eramos la que cuidaba de la otra cuando un niño maa frande noa molestaba, o entre las dos buscabanis como pagar la deuda que teníamos en esa cafetería, como fuimos creciendo es que nuestro vinculo se volvio mas notorio.
Yo le mandaba dinero cada que podía para ayudarla con el gasto de nuestras mascotas y ella cubría los rastros de cualquier fiesta que no notifique a mis padres.
Lo que mis papás siempre quisieron se les revirtió, pues de protección pasamos a una lealtad inquebrantable, con nuestros problemas y discusiones pero nuestro. El mundo no podía meterse con nosotras, no era el «nosotras contra el mundo» simplemente porque el mundo es suficientemente intelugente para no meterse con nosotras.
¡Oh, que cosas son de la vida! Pasamos años queriendo dormir lejos y cuando crecimos encontramos la forma de tener pijamadas lo más seguido posible.
Y para mí, eso es el amor. Pasar años a lado de alguien y saberlo todo, y que nada en el mundo pueda cambiar la felicidad que me da verla sonreir. Como antes, como siempre.

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