Hay dos cosas de las que estoy tan segura que podría apostarle mi vida a ellas.
Una, no sé aun ni la mitad de las cosas que sabré y dos;
¡Como amo a mi perro!
Yo, al ser pequeña tuve un perro, uno de esos grandes y peludos que son sobreprotectores y juegan al caballito para una bebé de 2 años. Era mi mejor amigo, y sé bien que tan importante fue pues lo recuerdo despues de más de 20 años.
Yo tenía 5 cuando unas personas terribles envenenaron a mi mejor amigo. Me lo quitaron y no hubo nadie que fuese por mi a la escuela con tanta emoción por verme. Pedí por años a Santa Claus y los Reyes Magos que trajeran de vuelta a mi fiel amigo.
Ese fue mi primer perro.
Hasta que llegó ella, la perrita mas preciosa de cualquier lugar, sus orejas largas y sus moños la hacían tan elegante. El unico problema con esa hermosura es que tenía 6 años y no sabía cuidar una mascota, y al crecer y ser adolescente crees que todo vivirá para siempre y que mañana puedes darle atención pues estará ahí, pero muchas veces ya no lo está. Ella no sabía que debia ser eterna. Paso su vida siendo atendida por adultos que le daban de comer y niños que jugaban con ella en el fin de semana, nunca le falto nada, jamás estuvo herida, tuvo felicidad pues gente se encargaba de cuidarla, pero yo nunca le di el amor que ella merecía, que ella me daba cada vez que me veía con sus hermosos ojos miel.
Una mañana me dí cuenta de mi error y era muy tarde, ya tenía los días contados, la vejez la alcanzó y yo jamás la valore como debí de, pero vaya que la ame. Esa ultima noche que la abraze y la ví le prometí algo; jamás volvería a pasar un día sin ser la mamá ideal para mis perros (en caso de tener en el futuro) y le prometí, que por ella, les daría doble ración de amor. Le pedí disculpas y con su ceguera levantó su cara (aún hermosa) y me lamió por ultima vez, y aunque yo sé que me perdonó, yo jamás me perdone.
Ella fue el primer perro que de verdad amé, con el que aprendí que un animal es una vida, y donde descubrí el amor incondicional que estos animalitos dan.
Me prometí despues jamás tener perros de nuevo, sin embargo, de alguna forma, paso un tiempo y llegó uno más, pero esta vez, las cosas fueron distintas. Demasiado.
Llego primero el rey de la casa y de los corazones de todos, un escualido chhihuahua diferente a cualquiera, su amor por los gatos y su lealtad que aún me asombra lo volvió el primer perro que cuidé con mi vida, amandolo mucho y dandole toda la atención que merecía.
Hoy a sus 8 años tengo miedo de que algún día se vaya de mi lado, porque solo el pensarlo me causa dolor, perderlo sé que será una tortura, pero sé que el amarlo y cada día juntos ha sido un honor, uno que talvez no merecía.
Después llegaron más, cada uno especial de esa forma única, hasta que llegó una, llego la perrita mas fea y flaca, callejera por completo, sucia y enferma, y se robó mi corazón y espero jamás me lo regrese.
Y este no fue mi primer perro, esta fue mi primera hija perruna. Ella se volvio todo mi amor.
Rescatarla y educarla fue facil, vivir con sus travesuras no tanto, y aunque es jovén y arrogante ahora que lo tiene todo, es el ser más dulce, amoroso y agradecido que conozco. Pondría mi vida en sus patas y sé que saldría ilesa. Así es cuanto la amo, y sé que no es ni la mitad de lo que ella me ama.
Cada vez que se asusta y deja a un lado su actitud de feroz, busca con sus ojitos asustados mi sonrisa. Y ella sabe que jamás estará en peligro, porque jamás dejaré que algo le pase.
Mi vida cambio radicalmente al conocerla, como todavia yo no entiendo la dimensión. Ella fue el principio de tanto y llegaremos juntas hasta donde la vida lo permita, mientrás tanto la cuidaré como si ella estuviese cuidandome, con ese amor irremplazable.
En fin, tuve un perro trás otro y cada uno me enseño tanto, y estoy segura que abrieron mi corazón más de lo posible, hicieron mi vida algo mejor en cada ladrido. Y hoy, solo puedo agradecerle a mis padres, por que ese primer perro estoy segura, que desde el lugar a donde vayan los perros al morir, me mando angeles caninos para cuidarme en el camino.
«Adopta un perro o un gato. Para comprar se necesita dinero, para adoptar necesitas tener mucho amor»