Recuerdo tener 8 años y estar enojada contigo por preferir a mi hermana menor siempre. Recuerdo estar enojada contigo a los 10 por llevarme diario a esa clase que odiaba. Recuerdo estar enojada contigo a los 13 por no dejarme salir como todos mis amigos hacían. Recuerdo estar enojada contigo a los 16 por ponerme una hora de llegada. Recuerdo estar molesta contigo a los 18 por siempre querer ponerme a dieta, por siempre querer medirme, por siempre hacerme sentir que te avergonzaba que no fuese como tú. Recuerdo estar enojada a los 21 por los anteriores años y mi ceguedad.
Recuerdo que muchas veces desee que no fueras mi mamá, y recuerdo muchas veces que te odié.
Y recuerdo todas esas noches que pasaste leyendome en la hora de dormir en vez de dejarme ver tv una hora más. Recuerdo esa vez que me rompí el brazo y entre tu miedo y mi llanto me tranquilizaste con un beso. Recuerdo estar triste porque el mundo no es justo y recuerdo que dijiste firmemente que todo sería peor, pero que siempre estarías ahí para mí. Recuerdo cuando te asusté y el miedo a perderme te volvió loca, recuerdo el dolor en tu mirada cuando parecio no importarme que estuvieras asustada.
Recuerdo todas las veces que te hize llorar haciendote creer que no te quería, recuerdo todos esos pleitos porque no ibas a dejarme comer pastel y yo creía que me odiabas.
¿Y sabes? Estoy tan avergonzada de todo lo que te hice como tú estas equivocada, estas equivocada al creer que no te quiero.
De niña, aparte de mis lentes horribles, mi forma de hablar raro y mi sobrepeso siempre hubo algo que no entendía, no entendía porque no me compraste la radio que todas jugaban, y como me dijiste que si no me dejaban jugar con ellas por algo tan tonto entonces no eran mis amigas, recuerdo creer que me odiabas y que querías que sufriera.
Cuando crecí y siempre estabas atrás de mi por mi tamaño fuera de lo normal siempre creí que te avergonzaba, que no era la hija que desearías tener.
Y cuando ella llegó fue claro para mí que la preferías. Ella con su cercanía, sus palabras bonitas, ella la que no te hacía rabietas ni te retaba a todo, ella la que no peleaba por todo,ella que era a la que no tenías que medir pues era perfecta; a ella debías quererla más.
Cosa extraña es la vida, siempre escuchamos esa frase de «nunca entenderás hasta que tengas tus hijos» y vaya, vaya que es cierta.
Hace tan poco que me averguenza aceptar,,entendí radicalmente todo.
Hay algo que deben saber, a los 18 me diagnosticaron una enfermedad que si bien no era mortal, era dolorosa, y es incurable, y lo peor, es para siempre, y nunca se sabe cuando explotará. Recuerdo ir al doctor con ella y ver su cara, no era miedo, no era dolor, era impotencia, impotencia a que nada ni nadie me quitaría lo que tenía. Impotencia al no haberlo sabido antes. Impotencia que redirigio en su busqueda por soluciones. Y a pesar de que doctor tras doctor dirian lo mismo, ella jamás se detuvo, leyó libros medicos y artículos, habló con especialistas y farmaceuticos, busco debajo de cada roca una solución, algo que pudiese impedir todo, hasta que una triste noche para ella aceptó que yo debería vivir con ello. Y al contrario de lo que debió hacer que era dejarme vivir como hacía se decidió por buscar algo más, porque ella, esa mujer tan terca que logró en primaria que me cambiarán un 7 por un 9 al avergonzar a la maestra al explicarle a la perfección mi trabajo (que merecía un 10) , jamás se daría por vencida. Y a pesar de que ningún medico jamás dijo algo sobre perder peso, en su mente era la respuesta. Sin embargo, como era de esperarse hice lo contrario, lo había hecho siempre, cuando ella decía pan integral yo decía baguett. Cuando ella decia cereal yo comía pizza. Y vivimos por años un cuento de nunca acabar. Así que, si ningun doctor creía que pudiese ayudar eso, yo me propuse llevarle la contraria, si de por si tendría que vivir por siempre con dolor, lo haría a mi forma.
Sin embargo, lo que dicen es verdad, todo eso es verdad.
Yo jamás creí una palabra de lo que ella decía era lo mejor para mí hasta el día en que me volví mamá, y a pesar de que no sean niños, son mis hijos.
Esa creencia de que ella prefería a mi hermana, esa creencia de que me prohibía todo por simplemente no dejarme ser feliz, esa creencia de que todo era una terqueda suya, se vino a bajo el día que lo comprendí.
Tengo dos hijos, dos perros que son y serán siempre como mis hijos (sin querer comparar niños con perros) pero para mí, una joven de 25 años sin ningun plan de casarme pronto y menos tener hijos, para mí esos perros lo son todo.
Interesante pero ahí aprendí que en efecto, mi mamá no me odia.
Uno de mis perros es, en pocas palabras, el perro perfecto. Es cariñoso, obediente, juguetón, tierno, y suficientemente inteligente para huir cuando hace algo mal. Mi pequeño bebé, es sin exagerar, el perro mas dulce que he conocido. Cuando he estado triste se ha asentado en mi solo para acompañarme, jamás me ha dejado sola, jamás me ha causado un enojo. Y al contrario, la otra, bueno, es un problema…
Si han conocido a una perrita terca, rebelde, grosera y desobediente sabrán como es ella. Ella es asi pero peor. Me reta en todo, me causa corajes, rompe todo, y cuando hace algo malo en vez de quedarse quieta solo brinca para desesperarme más. Si estoy triste jamás me dejará sentarme, ella mordera mi zapato hasta que toda la atención este en ella y en como arruinó ese zapato nuevo.
Y es ahí donde aprendí. Cuando todos dicen que mi favorito es el bebé, puedo asegurar sin ningun miramiento que eso es falso. Completamente. Y es facil, porque no tengo favoritos. Y a pesar de que apapache a uno más tiempo y que lo proteja más jamás significará que lo prefiero. Jamás. Y ahí aprendí que una mamá ama por igual.
Yo amo a mis dos perros por igual apesar de que sean completamente diferentes, a pesar de que uno me trate mejor y sea mas cercana a el. Pero los amo por igual porque, al final del día cuando los acompaño a sus camas antes de dormir y la veo a ella, ella, mi primera «hija» , no imagino mi vida sin sus travesuras, y en sí, sin esa chispa que ella trae, sin sus diferencias.
Aprendí ahí que ser mas cercano a uno no hace que lo ames más, y que posiblemente es mi culpa no ser cercana a mi mamá y no que ella decidiera apartarme. Lo entendí.
Protejo más a uno porque me necesita más, porque es el más debil y porque no puede defenderse solo. Doy a la otra mas libertad porque sé que puede cuidarse sola, porque entiendo que ella estará bien aún sin mi pegada a su lado. Y los amo, los amo porque me enseñaron que mi mamá me ama, y confía en mi lo suficiente como para permitirme ser, aunque a veces me haga eso creer que no me quiere, pero lo hace, lo hace dandome confianza y espacio para crecer por mi misma, para enfrentarme al mundo sabiendo que regresaré a casa cada noche con mi dignidad y auto respeto intacto. Y a veces, dejar ir un poco es tambien amar. Es confiar en que se estará bien cuando lo que te gustaría hacer es tenerlos siempre a tu lado.
Pero estos días aprendí una cosa más, una aún mas importante.
Mi perro, mi bebé, el bebé tuvo una operación por un accidente del cual yo no podia salvarlo. Todo salió bien y su recuperación esta en camino aún. Tiene prohibido caminar, saltar y brincar. Eso fue hace 1 mes. Los doctores dicen que poco a poco puede salir, dicen que le va a doler, dicen que no hay nada mas por hacer, sin embargo, yo, siendo la madre que mi madre ha sido conmigo, retee esa idea. Y busque soluciones por el mundo entero. Hoy, cuando empieza a brincar demasiado y correr sin precaución lo regaño y me enojo como si no lo quisiera, pero no es así, lo amo, y cuando amas a alguien no dejarías que nada lo hiera, y tomarías las precauciones que nadie cree puedan lograr algo más, las tomas porque, tienes fé, y mucho amor. Quien diría que ser madre te demuestra que a veces odias a tus hijos porque no entienden simplemente que solo quieres lo mejor para ellos.
Y es eso lo que tantos años ha hecho mi mamá.
Esa mujer, esa que llego a donde esta por dos cosas, su brillante cerebro y su gran corazón. Esa mujer que del peor mundo, uno donde para que sus hermanitos tuvieran zapatos ella recortaba los suyos viejos para que le siguieran quedando, ella que lucho por una educación que se negaba su familia a darle, ella que fue más brillante y que sobresalió por ello, porque ella sabía la clave para el éxito, y esa es determinación. Ella que sufrió todo lo que aún no me imagino, ella a la que muchas veces se quedo sin desayunar por cuidar una familia. Ella que saco adelante a todos cuando nadie se lo pidio. Ella, que con trabajo duro y un cerebro asombroso logró llegar tan alto,ella cuyos valores me han enseñado que a veces, es mejor caer que perderlos. Ella que me enseño que al final lo unico que se tiene es a uno mismo, y vivir con una conciencia limpia es vivir feliz, no importa que se tenga.
Bueno, esa mujer tenía razón
Posiblemente si me hubiese comprado esa radio sería como todas esas chicas que tenían todo y valoraban nada.
Posiblemente si hubiese salido tanto no hubiese podido pasar tantas cosas hermosas con mi familia.
Posiblemente si no hubiese tenido un horario de llegada y padres firmes sobre lo que es bueno y lo que no, hoy sería como todo ellos que llegaban a sus casas cuando deseaban, drogadictos vividores sin una meta propia.
Si mis papás y en especial ella no hubiesen sido firmes sobre mi educación hoy no sería la persona que soy con ambiciones grandes y retos cada día mas cercanos. Si no hubiese sido criada por esa mujer que trabajaba todo el día y llegaba cada noche a leerme una historia, talvez hoy no amaría escribir. Talvez no sería la persona que soy que cree firmemente que una conciencia limpia, trabajo duro, amor por la familia, y respeto a ti misma, pueden llevarte a donde sea.
Hoy, solo puedo decirle a esa mujer que ha pasado toda la vida creyendo que la considero mi enemiga, que es el gran amor de mi vida. Que agradezco tener a semejante mujer como madre, y que debe recordar que la amo, siempre, a pesar de no demostrarlo, a pesar de actuar a veces como todo lo contrario, a pesar de hacerle creer que en el minuto que me vaya jamás volveré a querer verla, esa mujer debe recordar, que mi unico sueño es llegar tan alto que este orgullosa de mí, por no solo ser guía sino mi ejemplo, y por amarme, a pesar de todo eso, y darme siempre una oportunidad más, cuando yo misma sé que no la merezco.
Pero te amo más, porque cuando nadie sabe quien soy, tú lo sabrás siempre a la perfección.