Sol, calor, nervios. Es en pocas palabras lo que sentí, era todo un mundo nuevo, era yo tratando de tener mi propio lugar, era yo deseando que mis sueños se cumpliesen, era yo esforzandome cada segundo para cumplir mi meta. Quería ganar.
Es dificil explicar lo que uno siente cuando esta acostumbrado a perder, es mas dificil aún cuando haces todo y das todo para ganar, sin embargo, quedas tan lejos de la meta. Es dificil, es triste, es una mezcla de desilusión y apatía, era como querer desaparecer y saber que nada pasaría.
Estaba acostumbrada a eso, algunos simplemente decían que se nace con ello o no, y yo no tenía ese don. Un día simplemenge me rendí, deje mi gran amor tirado y acepté que hay cosas que no pueden tenerse.
Encontré un nuevo amor un día, era como sentirse nueva, emocionada, sentir que podías logarlo todo. Era magia. Era yo, yo contra todo, yo sintiendo algo que no se compara con nada, era paz al sentir el correr, era como el cielo, hacerse su camino en el.
Y vaya que estaba feliz, y vaya que estaba concentrada, quería ganar mas que nada. Quería ser alguien por mi misma. Lo daba todo cada día, no me importaba estar lejos, lo iba a lograr.
Y llego él.
No puedo culparlo, no puedo aunque lo deseo, aunque hoy muchas partes de mi desearían que ese día hubiese mirado a otra dirección, pero no, no lo hice.
Me enamoré de él sin saberlo, un día simplemente ya era muy tarde, ya había tanto de él en mí que perderlo era insoportable.
Era como si se detuviera el mundo por completo, era emocionante, diferente, era peligroso, era como si pudiese gritar a todo pulmón, no existían reglas que me importasen, no había mucho más que el pensar en como lograriamos vernos la proxima vez.
Richard. Me asustaba de alguna forma debo aceptar, era mayor, era malo, era todo eso que debes dejar atrás, exactamente eso que puede distraerte, y ¡que bien me distraían sus besos!, era besar por primera vez, era sentir su aroma por toda mi cara, era sentir sus manos acariciando mi cabello, es inexplicable, era adrenalina, parecía ser amor.
Sus mensajes me estremesían, sus poemas llegaban a una parte de mí que no conocía, esos días escondiendonos en las jardineras que llevaron a más de lo que debieron de. Su forma de abrazar mi cintura y darme escalofrios cuando me pegaba a la pared en breves momentos cuando nadie nos veía, era deseo y adrenalina corriendo por mi cuerpo deseando que llegaramos a algo más.
Recuerdo como en tan bello lugar nos ocultamos en un pequeño cuarto, como acariciaba mis piernas hasta donde lo detenía, recuerdo que ese fue el momento donde mi unica meta era estar cerca, ese fue el momento donde olvidé mis sueños, olvidé mis metas, por seguir un deseo.
La noche antes en vez de descansar hice todo lo contrario, todo lo contrario en sus brazos.
Es poco decir que olvide que era lo que me llevo ahí, pero al final, al volver, ahí estaba él tambien, con un oso de peluche y una propuesta, una que acepté.
Pero un día todo empeoró, todo cayó en picada, ese día entendí como funcionaba la gravedad. Aterrada creí que lo que teníamos podría superarlo todo, pero no fue así, supongo que igual se asustó, pero amenazo con irse, y lo deje ir, me quede sola, desconfiada y temerosa.
Los días pasaron y mis amigas hicieron su parte. Superar algo es dificil, pero es peor con la gente equivocada. Yo las tuve a ellas y logré dejar de llorar muy pronto.
Un día decidí saber de él, y vaya que es doloroso ver a quien amas re hacer su vida, pero duele más saber que tú, como otras, eran una mentira. Los mismos poemas, las mismas canciones, todo era parte del paquete.
Dos años me tomó volver, recobrar el ánimo para intentarlo de nuevo, creía estar libre de distracciones, y regresé. Esta de mas decir que era una persona diferente en ese momento, deje mi lado inocente en casa y reté al mundo con la mejor cara de soy mejor que tú que pude. Me divertí, hice amistades increíbles y reí como nunca.
Un día apareció un letrero con mi nombre que no podía ignorar, era devastador y me alegraba, veía su dolor en cada mirada. La niña a la que alguna vez besó era una mujer decidida que podía tener a quien quisiera, y como quisiera. Y le hice saber su gran error.
Dejarlo fue duro, pero verlo a diario aún bajo mi apariencia de que él era poca cosa, me dolía, una parte de mi lo extrañaba. Y le faltaba emoción a mi vida, y un poco de venganza, un poco de venganza que pronto se convertiría en obsesión.
Le dí la oportunidad y creyó que lo amaba. Talvez lo hacía, talvez era solo el deseo. Talvez era el querer que supiese que había perdido mucho. Pero, como toda venganza salió mal, me enamoré de más. Confie en él y que me amaba, creí que las personas cambiaban, creí que jamás me lastimaría, pero lo hizo. Y fue una pequeña mentira la que tiro todo abajo. Una mentira insignificante.
Todo regresó a mí, remolinos de recuerdos llenaban mi cabeza, llantos silenciosos por darme cuenta de que una vez más había caído en su falta de encanto, y ese día decidí dejar de sentir.
Rompimos de una forma extraña. Le rompí el corazón y me aseguré de que lo supiera. Sin embargo cada dos días él llagaba a mi casa, con una excusa muy mala y yo lo dejaba pasar, de repente un beso llevaba a otro y por unos minutos apagaba mi cerebro y me concentraba en disfrutar, me concentraba en sus labios por mi cuerpo y en sus mordidas traviesas. Pero dije no, una y otra vez, algunas tuve que decir no más de una vez pero al final siempre se detuvo, a veces me dejaba sintiendome mal, a veces mi cabeza deseaba ignorar todo lo demás.El beso de despedida a plena luz ya no era dulce de amor, era saliva, y era desagradable. Lo interesante es que siguió por meses, un tipo de afecto le tuve para dejar que vuelva, cada semana volvía a amarlo y dos días despues me demostraba porque lo había dejado la primera vez. Pero era adicta, adicta a la adrenalina que él traía, a sus caricias, a su boca, a sus manos exactamente donde las deseaba, me gustaban esos mensajes donde él decía lo que deseaba, me gustaba leer sus deseos y llorar al recordar que lo odiaba.
Hasta que una noche, un viaje, dos palabras. Fueron lo que bastaba. Era la noche, por fin iba a pasar, todo. Era la noche donde todo se volvería real. Llegó con velas y más cosas que las que pensé, llego con su aroma que años atrás me hechizó. Llegó seguro de lo que pasaría, y yo quería que sucediese, lo deseaba. Era mi forma de dejar ir. La noche comenzó y del sofá y una platica casual me llevó a la cama, me deje llevar. Deslizo mi vestido que de por sí me puse sabiendo que era facil de quitar, y en minutos el piso estaba lleno de ropa, sus besos por mi cuello, todo estaba por ocurrir, no como todas las veces pasadas, esta vez llegariamos al final. Y me dijo las dos palabras que toda mujer quiere escuchar «Te amo», lo dijo en mi oído suavemente. Mi cerebro se encendió. La culpa cayó en mis hombros y la verguenza me dejó sin respiración. Tomé una sabana y me cubrí, entre al baño y me vestí, no pude mirarme al espejo, me sentía sucia, me sentía destrozada.
Yo ya no lo amaba. Y aunque pueda parecer ahora que deje de hacerlo mucho antes, fue en ese momento cuando en tiempo real lo entendí. Me obsesione con él, pero no era amor. Lo quería, no lo amaba.
Salí y mi mirada lo dijo todo. Al día siguiente se fue. Tuvimos una llamada despues donde por fin dijimos lo que debimos decir hace mucho.
Colgue ese telefono y me rompí en pedazos.
Perdí a quien me había hecho olvidar todo, lo bueno y lo malo. Perdí a quien había estado ahí cuando tenía problemas a las 3 am. Perdí a quien amé tanto.
Pero lo supe. Lo entendí.
Lo amé de una forma que aún no logro explicar, era magnetismo, era algo inexplicable. Dí todo lo que tenía y más. Me entregué por completo. Y él rompió mi corazón cuando más lo necesite. Y por más que él trató de arreglar las cosas, nunca en verdad funcionó. No podía, no había lo necesario para que haya amor, no había confianza. Lo intenté, por mucho tiempo, deseaba que algo nos uniera magicamente, deseaba que como en los cuentos un beso lo arregle todo. Pero no lo hizo, y tuve muchos.
Richard fue mi primer amor.
Aprendí que a veces, el amor sí acaba. No puedes simplemente desear perdonar y creer que lo haces. No puedes si esa persona no hace que puedas confiar. Aprendí que quien te ama no debe lastimarte, no cuando le has dado otra oportunidad. Aprendí que a veces nos enamoramos sin darnos cuenta que nos destrozaran por completo, aprendí que ningun fundamento para detenerte funcionará. Aprendí lo que era amar hasta darlo todo, enfrentar al mundo y apendí a esconderme.
Y con ello aprendí lo mas valioso. El verdadero amor no se siente así. No es doloroso ni escalofriante, no se esconde, se demuestra. El amor te hace mejor y no te hace debil. El amor de verdad se equivoca y repara las fallas, las repara cuando te ve a los ojos y sabes que jamás te lastimará de nuevo.
El amor de verdad se siente dulce, calido, bien, natural. Hace que las cosas pasen a su tiempo, sin prisas, sin remordimientos.
Uno aprende mucho de su primer gran amor, como por ejemplo, como amar, como amar de verdad, como el amor de verdad cuando llega, simplemente no se va. Y puede pasar mucho, o nada. Pero cuando llega, no hay pasado ni futuro, solo hay el hoy, el amor que se da y recibe y da seguridad, da felicidad, nos da confianza, en la vida, en el amor, y en nosotros mismos.