A veces aprendes, a veces te caes.

Yo sé bien lo que me ocurrió.

Me deje llevar por los colores vistosos, por las compras desmedidas, por la imagen de lo que parecía.

Amé a personas que traicionaron todo, desperdicié tiempo que jamás podrá volver, deje que momentos hermosos a lado de alguien que amé se fueran por la idea de que habría un mañana.

Me deje llevar por que creí que la llamada juventud se supone se trata de cometer errores.

Di de más a personas que tomaron todo eso y lo tiraron a la basura, no disfrute la soledad como debe vivirse, no me permití estar perdidamente sola, permití que el mundo me llevara a su ritmo sin siquiera detenerme a mirar.

Conocí personas que me disgustaron por las cosas incorrectas y amé a personas que eran el error.

Me calle cuando debí hablar por mí misma y aclarar las cosas, sin embargo las deje fluir y morir.

Acepté que personas terribles se metieran en mis decisiones, creyéndolos mis amigos.

No aproveche una conversación profunda por la necesidad de tomarme una foto que compartir.

Comí lo equivocado por querer ser alguien que no era, y cambié mi carácter por encajar en una idea.

Perdí lo que me había hecho una persona hasta ese momento, fui dejada en un incendio para ver todo eso quemarse, llenarse de dolor por la traición.

Y al salir, porque al final logre salir, no fue fácil ni bonito, no fueron fuegos artificiales esperándome ni aplausos al llegar a la meta.

Fueron meses de llantos, de reproches y de enojos.

Fueron meses de mí construyéndome un ser.

Fueron años de sentir que mi confianza estaba rota, que mí ser no valía lo suficiente y de ser determinada por la opinión ajena.

Fueron días interminables de desear rendirme.

Pero por fortuna, en todo incendio hay más de un quemado, fuimos varios los abandonados en pleno desastre.

Y ahí lo encontré. Parado con su armadura que reflejaba comodidad, como si el fuego fuese su lugar de siempre.

Ahí lo encontré sonriente.

Me miró a los ojos y con una mirada lo supe bien, lo que seguía iba a doler, pero estaría a mi lado, seríamos un equipo contra el mundo cruel que se avecinaba.

Entonces juntos salimos de ese lugar, creyendo que lo difícil se quedaba atrás, sin saber, que lo que venía por delante podría hacernos perecer.

Me rendí más veces de las que recuerdo, lloré y tiré la toalla mil momentos, estuve lista para el final.

Y él ahí estuvo, tomando mi mano dándome los ánimos que una vez le di, ahí estuvo asegurándome que los pedazos podían caer, pero no llevarme con ellos.

Ahí me dijo las cosas más dolorosas de aceptar, y las más bellas de recibir.

Caída y decepcionada entendí que el fuego solo quema por fuera pero si sales a tiempo no destruye el interior, y una superficie siempre puede re hacerse.

Años después de semejante incendio él me volvió a ver con esa mirada, la mirada de “lo has logrado”

Nunca lo hubiese hecho sin su ayuda,  a pesar de que él siempre dice lo contrario.

Entré al fuego creyendo que quienes me acompañaban se quedarían a mi lado pero se marcharon para dejar que las flamas me consumieran, y ahí conocí lo que importaba en verdad, una mano cálida, una sonrisa verdadera y palabras honestas. Comprendí que la vanidad y la deshonestidad arruinaban, y que los mejores momentos son esos que revives en tu mente sin necesitar contárselos al viento.

Aprendí que en medio de la búsqueda de quien serás te perderás más veces de las que puedas creer.

Aprendí que amar es la única cosa que puede salvarnos de las ruinas.

Aprendí que para tener un amigo de verdad se necesita serlo. Y que vienen cuando crees que no los necesitas.

Aprendí que el dinero destruye, que la envidia pueda liquidar hasta los mejores corazones.

Aprendí que unos meses no te ayudan a conocer a nadie, y que hasta la persona más creyente te traicionará si puede convenirle.

Aprendí que rezar no sirve de nada cuando escupes al limosnero al salir. Aprendí que quienes caminan con la cabeza en alto son los que más ayudan, no los que más tienen.

Aprendí que el ser más pequeño puede cambiar todo un mundo.

Aprendí que si sabes valorar la vida que te rodea eres capaz de reconocer las cosas más hermosas en la tierra.

Aprendí que esperar vale la pena porque te demuestra quien esperaría a tu lado.

Aprendí que estar enfermo puede volverse una bendición si buscas crear un cambio.

Aprendí que la familia es lo más importante y que quienes no valoran ese tesoro en realidad no valoran a nadie.

Aprendí que el amor no es ciego. El amor debe ver tus errores y hacer que quieras corregirlos, el amor debe saber tus debilidades y enseñarte a volverlas fortalezas.

El amor debe hacerte brillar en la oscuridad.

Aprendí que cada día ignoro un poco menos gracias a que he tenido que fallar.

Aprendí que la mejor etapa de tu vida es la que vives a lado de quienes amas, siendo feliz y siendo tú mismo.

Aprendí que tu mejor amigo puede volverse alguien irreconocible, y que a veces lo mejor es dejarlos ir.

Aprendí que si alimentas a un perro callejero y lo cuidas, dejarás de tener un perro, tendrás ahora un ángel.

Aprendí que la muerte puede tomarse por dos caminos; el del dolor y el del aprendizaje, puedes vivir pensando en la pérdida o aprender de todo lo que te dejaron.

Aprendí que tus mayores admiradores siempre serán tus padres, no importa lo que hayas alcanzado, siempre será enorme para ellos.

Aprendí que la mejor tarde puede ser esa que pases sin un centavo pero riéndote a carcajadas.

Y aprendí, que mañana cometeré errores y conoceré personas que me decepcionen, pero que al final, si puedo escribir una cosa que haya aprendido de ello, entonces, ya estoy ganando.

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