En cada luz roja.

Este solía ser nuestro lugar. Tantas veces caminamos de la mano por esta misma calle, riendo, siendo unos tontos románticos que creían que el amor era que te hiciera reír y supiera el color favorito de tus flores. Ni siquiera tengo un numero de las veces que estuvimos en este parque, el mismo que me vio llorar hasta que mis pulmones se cansaron, el que me vio reír a carcajadas, aquel donde recordaba ese beso o donde paseamos a nuestro primer perro. Ese parque que era un mundo interminable de días de horas y de sueños. Donde creímos que lo seriamos todo aun cuando no éramos nada.
Y luego veo esa luz roja, ese semáforo que fue testigo de besos robados, lágrimas y segundas oportunidades. Donde sé que se tarda 2 minutos en cambiarse a verde pero suficiente de una canción para hacerte recordar. Mi vida sería muy diferente si ahí hubiera habido un letrero de alto. Mi vida no tendría el ritmo que esa canción ese día le dio. El día que decidí volver, el día que decidí perdonar.
Pasamos años en ese pequeño mundo, donde creímos que lo más difícil a superar sería opiniones ajenas y algunos celos, ese pequeño mundo que se veía rodeado de pequeñas peleas por no lavar los platos o jugar demasiados videojuegos. Ese mundo que cada noche era una búsqueda implacable por comida, por otra vez ver las estrellas, por soñar con todo lo que haríamos mañana, por donde estaríamos o por quienes seriamos. Por años tuvimos el mundo a nuestros pies, creímos tontamente que el amor era eso, terminar la frase del otro, que supieras que y porque hacia esa cara cuando le llamaban de esa forma, cuál era su olor favorito y que comida era su sabor. Creímos que sabíamos todo del amor al tener por seguro que siempre nos volveríamos elegir. Que equivocados estábamos y que dificil es ver que tan rápido ha pasado el tiempo. Dejamos de ser esos jóvenes que veían la luna en el parque, o esos que de cualquier salida volvían una aventura, dejamos de ser esos jóvenes que pensaban que una canción bien dedicada sería lo más romántico. Dejamos de ser esos jóvenes siendo jóvenes aún. Cada año que pasaba creíamos que lo era todo, que era una emoción, un año más. Y aquí estamos hoy. Te das cuenta que no es lo mismo cuando dejas de preguntar y asumes que puedes planear las vacaciones de los próximos años con la misma persona, te das cuenta que no es lo mismo en el momento en que crean una cuenta de banco para sus ahorros, una cuenta de banco con el nombre de ambos. Te das cuenta que no son los mismos jóvenes que discutían por atención cuando lo que te empieza a molestar es que les manden invitaciones en conjunto. Sabes que las peleas tampoco son lo mismo, cuando antes peleabas por una tarea y hoy pelean por un trabajo que nadie quiere pero que trae una buena paga, una buena paga que ayudara a pagar las vacaciones.
Uno aprende del amor todos los días, cada día que no te rindes, cada día que hacen acuerdos que no son agradables pero que dan para una mensualidad más, uno aprende que amor es ahorrar para algo juntos en vez de gastarlo en otra bolsa. Uno aprende que el amor evoluciona, deja de ser muchas cosas y se vuelve un millón más. Uno aprende que el amor no es estar siempre de acuerdo pero sí es pensar en ambos al decidir. Uno aprende con los años que no se tiene un solo lugar, sino que con paciencia, un poco de trabajo y sacudir el polvo a diario cada lugar se vuelve un hogar. Uno aprende que amar es siempre apoyar los sueños pero respetando la estabilidad de ambos. Uno aprende del amor todos los días. Se aprende algo, porque el amor es eso, una enseñanza, una inspiración, se vuelve el por qué escribir a media luz del semáforo al solo recordar cuando todo empezó.

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