Ecos

Necesito todas mis fuerzas para respirar.
Me sujeto las piernas lo más fuerte posible para intentar sentir mi corazón. No lo siento. No tengo idea de dónde está. Porque donde debería de solo queda un cristal vacío que emite ecos de la realidad.
Y esos ecos me asustan.
Uno de ellos me dice que corra. Que huya. Que agradezca a cualquier celestial por esta vez mandarme la señal sin perder una década.
Uno de ellos, me pide quedarme.
Bueno, eso es mentira. Empecemos otra vez.
Los ecos solo me dicen que huya.
Es mi niña interna la que me ruega quedarse.


Puedo detectar una alerta roja cuando la enfrento .Pero que hago cuando sus ojos se ven tan bellos y sus labios susurran perdón.
¿Cómo hago para empacar una familia, muchos sueños y lo que juré era un gran amor?
¿Cómo tomo una maleta y la lleno de todas esas veces que juramos un por siempre?

Pero, ¿Cómo creerle ahora?
Cómo confiar en su palabra.
Cómo confiar en que existe ese amor.

Yo me equivoqué y eso lo reconozco.
Los labios de aquel hombre un domingo de brunch son el pecado que cargo a diario, son la espada que le clavé a mi amado con mucho cuidado.
Todo esté tiempo he sabido que yo estaba mal.
Todo esté tiempo pedí perdón por un engaño que cometí de una forma tan vil

Pero yo no sabía que de su lado, la traición siempre había estado.
Desde el día uno.
No necesitó otros labios, no necesitó el momento indicado. Ni una excusa barata como el alcohol.
Ese es el problema. Todo esté tiempo me estuvo lastimando mientras yo limpiaba sus supuestas heridas y me tiraba al piso para recibir cualquier castigo.

Él dice que el peor engaño es que lo presenció.
Yo digo que el peor engaño es el que ni siquiera sabes que estás viviendo y por el que aún así pides perdón.

Deja un comentario